domingo, 28 de diciembre de 2008

jueves, 24 de julio de 2008

ACTOS DE LA CONCIENCIA

AVECES.
A veces anhelo el olor de la sangre
Saliendo por mis poros,
La inconsciencia que depara
Un lado oscuro que me seduce,
Que pone su antídoto en mis manos inseguras.

A veces el aire me ahoga
Y La inconsciencia de mis ojos vendados
Busca la luz que la nostalgia asesina.

A veces...
Pero entonces,
¿Para que morir?
Si ya es bastante con estar ciego.


DESBORDARSE.

A veces uno siente llorar,
Que los ojos se le hacen agua,
Se le llenan de peces y corales,
Que se deshacen como un ancho mar
Y se desbordan
Formando húmedos ríos por la carne
Que no alcanzan ahogar el fuego del dolor.


EL TERROR O EL OLVIDO

A veces me llegan imágenes
Que me hacen cerrar los ojos.
Entonces deseo desandar mis pasos,
Volver antes de la memoria
Y mirar hacia otro lado.

SER EN CAIDA

CAÍDA HACIA TI. uno


Caigo hacia tus ojos como en un mar gris,
Dulce y frágil pero inmenso,
Profundo y misterioso.

Caigo hacia tus ojos,
Mi alma Te abraza ignorando el tiempo,
Rompiendo el silencio
Como estrellas besando el horizonte,
Como dedos caminado por tu piel


CAÍDA HACIA TI dos

Explosiones hormonales,
Dilatan el vacío,
Reaccionan en cadena con cada mirada,
Cada gesto,
Cada roce de la piel
Que se absorbe absoluta y en su ancho volcán.

Al final.
Labios dilatados y rojos,
Terrenos allanados y húmedos,
Ojos fuera de orbita,
Almas de rodillas,
Y hormonas cayendo al centro.


LA CAIDA DEL ARLEQUIN.

La caída del arlequín
Anuncia la tragedia del rey.

Todos ríen,
No sospechan siquiera
Que la actuación ya ha terminado.

La princesa mira silenciosa,
Cruza sus ojos con brillo de espada
Y pone sus manos sobre el vientre fecundo

prologo bajo la piel de la razon

Una poética bajo la piel de la palabra

Hace algunos años me sorprendió contemplar en un paredón de adobe descubierto al norte del valle de Aburra un graffiti, como pocos en esta ciudad, que decía:
“la piel nos impide ser aire”
El poemario Bajo la piel de la razón es una bella ratificación de este trozo de poema dejado en la noche, este libro es una revelación surgida entre ensoñaciones e iluminaciones; talvez aquí halla una suerte de tibia piel de la palabra, como vivientes estamos sujetos al lenguaje de los sueños, y la poesía es el milagro en la morada del dios Logos, ella nos impide huir de nosotros mismos, en tanto ella es piel transparente que nos fija al mundo.

Juan David Calle es el que está siendo poeta, y por ello él ve por los mortales dentro de los protocolos del absoluto, da cuenta de ello, en poemas que describen y dejan entrever el poder de los sentidos, de estos orgánicos venidos del polvo de las estrellas, pero de esos otros sentidos del símbolo, venidos de la magia de lo humano hecho Lenguaje.

No termina el lector de desdoblar la primera hoja y allí un epígrafe, esa primera línea de los dioses, nos da la bienvenida y nos pone en la boca el sabor de un cuerpo lleno de ausencias, palabras puestas como si se tratase de una ofrenda dejada por los dioses en el altar de los tiempos.
“sin hojas
Solo carne…”
He aquí un puñado de poemas que preguntan por el cuerpo en caída, el cuerpo en actos de conciencia, poemas del desencantamiento, esa piel que se abortó y nunca más será memoria en el mundo. Están también las voces que buscan saber del reino del olvido y esas palabras que no llegaran al poema, Aquí esta la ciudad que es una caja de pandora, “Laberinto subterráneo en el vientre de la muerte”; talvez algunos poemas sean inocentes, pero no debemos olvidar que el oficio del poeta es el de la inocencia y en ella está el peligro más sagrado.

Bajo la piel de la razón, libro de piel de árbol, busca tatuar la carne invisible de la poesía con logrados pliegues en la palabra, no es necesario nombrar lo innombrable, y aun así, la belleza también transita en lo insinuado, en lo que se intenta bordear, así es la piel: límite y abismo. Esta belleza en la palabra acontece en el silencio del poema, en la oscuridad del ojo, en el terrible respiro del ángel en la caverna de los sonidos, en el palpito de mundo que empuja la sangre y entonces somos un amasijo de órganos hechos en la memoria de un par de sombras y bendecidos con el tormentoso milagro del lenguaje que nos pregunta:

¿Quien le devuelve el aliento y la piel a la palabra que nombra el mundo?

Incógnita que es vértigo y esplendor para el hombre que ha estudiado con una mística de monje, las ideas de los hombres y ahora retorna a la poesía como la más certera tierra de la indagación humana, ¿ hasta donde ha de ir el que esta siendo poeta por las palabras que desentrañen la piel primera ?.

Este poemario de Juan David Calle es una caricia a presencias fugadas, pero hay en éste; la intención de poner nombre a los silencios que perturban al poeta en continua transformación, su lucha es con el demonio del ars poética: demonio y diosa en la misma cabeza. El que está siendo poeta sabe que no somos seres terminados y que toda poesía pertenece a lo inacabado.

.

“Hasta que el musgo nos llegue a los labios
y nos cubra los nombres ”.




Fernando Hoyos SalazarAgosto de Dos mil y seis